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junio 07, 2012

El pensamiento de orden superior


Por Hugo Pereyra Sánchez (*)


Hace diez años, Lauren B. Resnick publicó un importante informe intitulado Education and learning to think, cuyo tema central es el pensamiento de orden superior. Según dice la autora, no se ha logrado precisar este concepto mediante una definición; pero, en cambio, es posible reconocerlo por algunas de sus características.

El pensamiento de orden superior no es algorítmico, tiende a ser complejo, produce varias alternativas de solución en vez de una sola, realiza sutiles matices de juicio e interpretación, incluye la aplicación de múltiples criterios, demanda muchas veces un apreciable esfuerzo mental, etc. Basta que volvamos a leer algún libro que nos cautivó por su originalidad, profundidad y variedad de ideas para notar con claridad que, efectivamente, el pensamiento del autor tiene todas o casi todas las características señaladas. Sobre el esfuerzo mental que requiere el pensamiento de orden superior, recuerdo que hace tiempo leí un libro donde se relataba que Pierre Curie odiaba que se lo interrumpiera cuando estaba trabajando en su laboratorio, pues solía alcanzar intensos grados de concentración en los cuales la mente se le ponía al rojo vivo, al punto de que “podían brotar chispas" (la cita, por supuesto, no es textual).

Se han realizado diversas investigaciones sobre la naturaleza del pensamiento, uno de cuyos principales objetivos es el de averiguar la forma en que las instituciones de enseñanza pueden ayudar a que los alumnos adquieran destreza en su trabajo intelectual. Un importante resultado de tales trabajos es que las actividades tradicionalmente asociadas con el pensamiento no se limitan sólo a los niveles avanzados, sino que ellas incluyen también los niveles elementales de lectura, matemática y otras ramas, cuando su aprendizaje se realiza bien.

Si una persona sabe leer bien, ello indica generalmente que posee la habilidad del pensamiento superior. Más aún, se considera que el correcto aprendizaje de la lectura desarrolla la habilidad del pensamiento superior. Pero, al hablar de lectura, nos referirnos no solamente al hecho de captar las ideas contenidas en un texto, sino de tener también la capacidad de ordenarlas en otra forma, analizarlas, resumirlas, tomarlas como base para el desarrollo de ideas nuevas, etc. En suma se trata de una capacidad de lectura que es a la vez comprensiva, analítica, crítica e inferencial.

Las características de una buena lectura concuerdan notablemente con los pasos de la meditación, según los enunciara Rodolfo Senet en un texto de Pedagogía escrito en 1922. Dichos pasos son los siguientes: comparar, coordinar, abstraer, generalizar, combinar e imaginar. De esta concordancia resulta que leer bien es una forma de meditar. La lectura de estudio debe ser practicada y fomentada intensamente en la universidad, así como también la expresión oral y escrita. En cuanto a lo último, sería conveniente que desde los primeros ciclos los estudiantes universitarios elaboren informes de laboratorio y pequeñas monografías (en España las llaman tesinas) y aprendan desde el inicio de sus estudios todo lo relativo al trabajo de investigación, desde la elección del tema hasta la redacción del informe, pasando por la pesquisa bibliográfica, la confección de fichas, la obtención y análisis de datos, etc. Por cierto, es bueno concluir esta parte diciendo que la lectura de estudio no tiene por qué excluir a la lectura de solaz que tanta importancia tiene para el ser humano.

La búsqueda de métodos educacionales que ayuden a la obtención de habilidades intelectuales de orden superior ha producido interesantes resultados y también ha hecho recordar que, en lo fundamental, dichos métodos existían desde hace muchos siglos. Para los educadores es antiguo el objetivo de incrementar la habilidad de pensar. Dicho propósito existió por lo menos desde la época de Platón. Pero este objetivo fue parte de una tradición de alto nivel educacional que no era aplicable en un sistema educacional de masas. Aunque no es nuevo que se incluya en el currículo escolar de alguien lo relativo al pensamiento, a la solución de problemas y al razonamiento, sí lo es incluirlo en el currículo de todos. Desarrollar programas educacionales donde se asuma que todas las personas, y no solamente una elite, puedan llegar a convertirse en pensadores competentes, es un nuevo desafío.

Sobre el particular, recordemos que Sócrates fue considerado el educador de la juventud aristocrática y que su método educativo era conversacional, basado en un juego de preguntas y respuestas. Bien podría, pues, decirse que Sócrates usaba un método al que hoy se le llamaría de educación interactiva. Platón, su discípulo, decía que la música era una preparación para la filosofía y que la matemática enseñaba a prescindir de lo sensible y a contemplar las formas puras. En la academia que fundó se daba especial atención a los ejercicios dialécticos, destinados a desarrollar una sólida capacidad para el correcto raciocinio. 

Aunque no siempre es fácil, sería muy conveniente que en la enseñanza de las asignaturas curriculares de la escuela, el colegio y la universidad se procurara incluir procedimientos para desarrollar las habilidades de orden superior. En la enseñanza de la matemática, la física y la ciencia en general, se debería poner mucho énfasis en la solución de problemas y en el planeamiento y realización de experimentos. 

La educación memorística ha merecido un justo rechazo, pero ello no debe conducir al extremo de eliminar en la enseñanza los adecuados procedimientos para robustecer la memoria, ya que ella es un factor muy importante para el desarrollo y la aplicación de las habilidades intelectuales de orden superior. No es malo que los alumnos ejerciten la memoria. Lo malo es que, en la enseñanza, se reemplace el razonamiento por la memoria y se evalúe a los estudiantes sobre la base de sus conocimientos memorísticos. En su libro Cómo se hace una tesis, Umberto Eco dice lo siguiente: “De viejo se tiene buena memoria si se la ha ejercitado desde muy joven. Y da lo mismo que se haya ejercitado aprendiendo de memoria la alineación de todos los equipos de primera, los poemas de Carduccio, o la lista de los emperadores romanos desde Augusto hasta Rómulo Augústulo. Desde luego, puestos a ejercitar la memoria, mejor es aprender cosas que interesen o sirvan; pero, de todos modos, también aprender cosas inútiles supone una buena gimnasia”.

Como se aprecia en el texto y en la extensa bibliografía del informe de Lauren B. Resnick, es grande la cantidad de trabajos de investigación realizados sobre el pensamiento de orden superior y otros temas relacionados. Pero el tema sigue abierto, y conviene prestarle la mayor atención por la importancia que tienen sus proyecciones.

(*) Ingeniero y estadístico-matemático peruano (1929-2008). T
exto escrito en 1997. Publicado inicialmente en el Blog de Hugo

Agradezco al Embajador e Historiador Hugo Pereyra Plasencia por permitirme reproducir el texto de su padre.


septiembre 06, 2011

Aporte del Ing. Hugo Pereyra al conocimiento de los quipus en el Perú

Se acaba de publicar el libro póstumo del Ing. Hugo Pereyra Sánchez sobre los quipus. Quipu es una palabra de origen quechua que significa nudo, y se refiere a un instrumento de lana o de algodón que los pobladores del Perú prehispánico utilizaron como un instrumento de registro.


El ingeniero Hugo Pereyra Sánchez nació en Lima el 21 de septiembre de 1929 y falleció en esta misma ciudad el 4 de junio de 2008. Fue además de ingeniero civil, estadístico-matemático e historiador. Recibió su título profesional en la antigua Escuela de Ingenieros y obtuvo después un grado de máster en estadística-matemática en el Centro Interamericano de Enseñanza de Estadística (CIENES), dependencia educativa de la Organización de Estados Americanos con sede en Chile. Durante su vida profesional ejerció la docencia en la Universidad Nacional de Ingeniería, en la Universidad Peruana Cayetano Heredia, en la Universidad Ricardo Palma y en otros centros de formación superior del país. Durante más de 20 años, desde la década de 1980, a partir de las investigaciones precedentes de estudiosos como Leland Locke, Carol Mackey, Carlos Radicati di Primeglio, Gary Urton, y Marcia y Robert Ascher, Hugo Pereyra llevó a cabo un trabajo de gran envergadura sobre estos antiguos instrumentos andinos de registro.


Transcribo la presentación que realizó la Dra. Carmen Arellano Hoffmann, Directora del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, al libro: Descripción de una muestra de quipus del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.

Tuve la suerte de conocer al insigne ingeniero y acucioso investigador sobre los quipus en la presentación de su libro Descripción de los quipus del Museo de Sitio de Pachacamac, que se llevó a cabo el 8 de febrero de 2007, en el local de la Organización de Estados Iberoamericanos, ubicado en Miraflores.

Conocía uno de sus trabajos anteriores publicado en el libro editado por Carol Mackey sobre Quipu y Yupana, en 1990, por lo que constituía para mi un gran honor poder hablar personalmente con él, ya que los peruanos que se dedican a ese estudio son contados. Vino a visitarme varias veces al Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, el que me honra dirigir. Su interés era realizar una descripción de los quipus de ese museo, análogo a lo realizado en Pachacamac. La muerte lo sorprendió (4-VI-2008) antes de que pudiera ver salido de la imprenta el producto de sus pesquisas. 

El ingeniero Hugo Pereyra Sánchez se formó, también como matemático y estadístico, profesiones que le ayudaron mucho a establecer una base de datos sobre los quipus. No existía ninguna en el Perú, aunque sí dos en los Estados Unidos. La primera fue hecha por los esposos Marcia y Robert Ascher en las décadas de los 60-70 y culminó con el valioso libro Code of the Quipu: Databook, publicado en 1978. La segunda es la que constituyó el antropólogo Gary Urton, catedrático en la Universidad de Harvard, que comenzó en 2002. Mientras la primera base de datos solamente cubría el análisis de 450 ejemplares, distribuidos por todo el mundo, la segunda compila la información de todos los quipus existentes, que hasta el presente, suman más de 800.

Si bien Hugo Pereyra orienta su interés en el tema desde la década de los 80, es solamente en la primera década del presente milenio que se decide a describirlos de forma sistemática. Con fondos auspiciados por el CONCYTEC y apoyado por el Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe, del entonces INC (hoy Ministerio de Cultura), comienza a estudiar la colección de quipus del Museo de sitio de Pachacamac. Él establece un equipo interdisciplinario en el que participan los arqueólogos Alejo Rojas y Maritza Tovar.

Pereyra tiene el mérito de haber construido la primera base de datos en el Perú sobre una metodología descriptiva de las cuerdas basada en la estructura física de estas. Se concentró en las características saltantes de los quipus, como buen estadístico matemático. Aunque no le dio relevancia al análisis de material o a las gamas cromáticas de ciertos colores, sí consignó dicha información. ¿Cuántos quipus tiene el Perú? Esta es una pregunta que todavía no podemos precisar, pero para responderla muchos futuros estudiosos tendrán que remitirse a estas base de datos. No obstante, debemos advertir al lector que los catálogos de colecciones publicados por Pereyra no incluyen la totalidad de las piezas o especímenes que se conservan, ya sea en Pachacamac o en el Museo Nacional. Como el propio autor señala, se circunscribió a la descripción de un grupo representativo y significativo. En Pachacamac, se catalogaron 32 quipus de un número todavía no determinado existente en la colección. Según Alejo Rojas, arqueólogo asistente de Pereyra, se estudió una gran parte de la colección, pero sólo se publicó la cantidad indicada (comunicación personal, 24-I-2011). En otras palabras, la base de datos completa de Pachacamac está aún por publicarse. Aunque el autor no lo especifica, sospechamos que limitaciones presupuestales de los fondos a disposición circunscribieron el ámbito de la compilación de datos y la publicación.

Con la misma aproximación al tema, Përeyra se aboca a la descripción de los quipus del Museo Nacional. Al igual que el realizado en Pachacamac y quizá presintiendo su próxima partida de este mundo, redujo aún más el número de objetos a estudiar, que suman en total 27, a pesar de que la colección del Museo Nacional es más grande que la de Pachacamac y contiene 123 quipus. En otras palabras, es la colección más grande del Perú y la segunda más grande del mundo después de la del Museo Etnológico de Berlín (Museum für Völkerkunde). Pereyra consideraba esta catalogación como la segunda etapa de su proyecto personal sobre los quipus. Nadie en el Perú se había dedicado con ahínco a una descripción sistemática de los quipus. Como todo estudio pionero y recién en sus comienzos de la investigación, no se consigna toda la información que un lector especializado quisiera encontrar. Por ejemplo, no hay conclusiones provenientes de un análisis comparativo de los objetos; como el título de la obra lo consigna, se trata de una mera descripción. Tampoco se especifican los criterios para la selección de los quipus a catalogar. Suponemos que le interesaban únicamente piezas completas ya que en la introducción del libro sobre los quipus de Pachacamac indica: "consideramos la descripción de 25 quipus, en realidad describimos 32 y también un considerable número de cuerdas sueltas y fragmentos de quipus que no se incluyen..." (2006: 20). Sin embargo, no todas las piezas del Museo Nacional se describen, quizá por la razón ya mencionada.

Interesante es también resaltar que su ámbito de estudio sobre los quipus se amplía con la publicación de la presente obra. Mientras que la introducción del libro sobre los quipus de Pachacamac consigna datos muy generales de qué es un quipu, reseña los comienzos de su estudio en el siglo XX y describe la metodología descriptiva usada para el catálogo, en la introducción de este escrito el interés del ingeniero Pereyra se ha abierto hacia el campo de la historia. El texto es más extenso y comienza indicando dónde están las colecciones de quipus más importantes del Perú para pasar a describir los quipus incaicos. Anteriormente, Pereyra no había hecho una diferencia entre quipus incas y precursores. Después, entra a tratar la función que tenía el quipu en el incario. Para ello en un cuadro, resume el tipo de información relevante que nos proporciona cada cronista sobre el tema. Es una visión y compilación de los datos históricos desde el enfoque de una estadístico matemático, de modo que nos anota la proporción en cuanto a los testimonios de la época colonial sobre el uso que tenía el quipu. Este cuadro será de utilidad para los historiadores y antropólogos.

A pesar de la riqueza cultural del Perú, la variada tecnología y desarrollo de la ciencia prehispánicas son temas no estudiados a fondo. El futuro del Perú radica en el rescate de este aspecto del conocimiento no sólo para solidificar la base del desarrollo peruano, sino también para fortalecer la identidad de nuestros compatriotas. Hugo Pereyra fue, sin dudad, un precursor y pionero en esta senda de la investigación todavía solitaria, donde se ha ganado un pedestal entre los estudiosos del quipu a nivel internacional.

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PD. Mi sincero agradecimiento a la familia Pereyra Plasencia por las fotos proporcionadas.

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